viernes, 13 de enero de 2012

¿Son malos los tatuajes? ¿Qué piensa Dios de los piercings?



En realidad estas son dos preguntas que con frecuencia me hacen por separado, pero decidí juntarlas porque están muy emparentadas. ¿Son o no son malos los tatuajes? ¿Y los piercings? ¿Qué opina Dios al respeto?

Los tatuajes y los piercings existen hace miles de años, y han tenido diferentes significados y funciones en cada cultura. Los tatuajes en Egipto estaba relacionados con lo erótico, las mafias japonesas los utilizaban para “marcar” a sus integrantes, cristianos en Roma se marcaban para dar testimonio de que eran cristianos y se han utilizado en distintos lugares para asustar a los enemigos en el campo de batalla.

En muchas culturas precolombinas los tatuajes y los piercings han estado relacionados con la estratos sociales, con diferentes religiones y en otras épocas y culturas han sido símbolos de esclavitud, e incluso como señal de luto, y en muchas tribus los tatuajes y piercings forman parte de los ritos de iniciación de la vida adulta.

En nuestra cultura estas prácticas comenzaron a extenderse a partir de los ’80, y hoy en día son relativamente comunes entre los jóvenes (e incluso los no tan jóvenes), que en general los usan para estar “a la moda” y ser aceptados por determinado grupo social o para destacar algo que para ellos es importante. También, parte del atractivo es el hecho de que en muchos casos sean algo “prohibido” por los mayores, y por los padres en particular.

Pero ¿Qué piensa Dios de todo esto? En la Biblia encontramos lo siguiente: “No se hagan heridas en el cuerpo por causa de los muertos, ni tatuajes en la piel. Yo soy el Señor.” (Levítico 19.28) aquí vemos que en el Antiguo Testamento Dios prohibió a su pueblo que se hicieran tatuajes en la piel o cualquier clase de herida en el cuerpo porque en ese tiempo evidentemente los hebreos estaban rodeados de pueblos paganos que de esa manera honraban a otros dioses y eso era abominación. Si prestamos atención, el problema no era el dibujo en la piel sino lo que significaba para ese contexto y lo mismo creo que debemos cuidar hoy.

¿Qué significa para tus padres? ¿Qué significa para tus pastores y para las personas que debes honrar según el criterio de Dios? Yo me animo a decirte que no creo que a Dios le genere ninguna diferencia que las mujeres usen aretes a que los usen los hombres, porque evidentemente esa es una cuestión de interpretación cultural. Ni tampoco creo que le ofenda que te hagas un dibujo en la piel a no ser que honres cosas en tu vida que le roben el primer lugar a Él. Pero sí creo que a Dios le importa mucho que no obedezcas a tus padres o que no honres a tus pastores y líderes en la iglesia. Por otra parte, si el círculo donde te mueves los tatuajes son señal de rebeldía o de pandillas o de drogas estoy seguro de que no le van a agradar a Dios. O si los aros o aretes ponen en duda ante la gente tus inclinaciones sexuales, entonces tampoco creo que eso le agrade.

Insisto: el problema no está en el artefacto o en hacerse un dibujo en la piel si se hace con todos los cuidados higiénicos y profesionales necesarios(por mucho tiempo ha existido la idea de que los tatuajes eran perjudiciales para la piel, pero hoy, aunque es cierto que pueden producir reacciones alérgicas en alagunas personas o puede practicarse mal la operación, está ya probado que no tienen ningún efecto que se pueda decir que sea “general”.) lo que puede ser malo o no de estas prácticas depende de lo que significa para quienes te rodean y, sobre todo, de lo que hay en tu corazón.

En muchas ocasiones se me han acercado jóvenes a hacerme estas preguntas de si es bueno o no, y luego de explicarles les digo que si lo que quieren saber es mi opinión personal, a mí me parece una tontería que se hagan tatuajes. O sea: No creo que sea pecado (si se cuida lo que acabo de escribirte), pero sí creo que es tonto hacerte un dibujo en la piel que luego te vas a tener que hacer una cirugía si te lo quieres sacar… al menos, yo me tatué en dos ocasiones, de las cuales estoy arrepentido, pero si volviera a tener la piel sin marcas, no lo haría.

Si hoy eres joven tienes que tener en mete que un día vas a dejar de serlo. Un día vas a ser padre o madre, y probablemente también un día seas abuelo. Si eres hombre muy probablemente pierdas el pelo, y si eres mujer muy probablemente un día tengas arrugas en esa zona del cuerpo que te quieres tatuar. ¿Quedará bien ese tatuaje ahí cuando llegues a esa etapa de la vida? ¿Y qué va a significar el hecho de que lo tengas para tus hijos y para tus nietos?

En fin, creo que como en todas las otras cuestiones referidas a lo que es bueno y lo que es malo hay que usar mucho el cerebro, y pensar también en los demás y en lo que nuestras acciones producen en la vida de otras personas.

En cierta ocasión vinieron unos fariseos enojados a Jesús reclamando que sus discípulos no se lavaban las manos según la ley hebrea. Lo que los fariseos reclamaban estaba claramente indicado en el Antiguo Testamento, pero se habían olvidado de pensar en por qué Dios les había mandado esa ley, y en lo que verdaderamente era importante para Dios. Jesús les respondió: “Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, la inmoralidad sexual, los robos, los falsos testimonios y las calumnias. Éstas son las cosas que contaminan a la persona, y no el comer sin lavarse las manos. “Mateo 15.19-20

Recuerda que la mayoría de las veces los pecados se definen según las intenciones de tu corazón y según lo que tus acciones producen en otros. Si lo que te atrae de los tatuajes y los piercings es la rebelión y el egoísmo, entonces definitivamente serán un pecado para ti. Y si los necesitas para sentirte “especial” o aceptado o para llamar la atención de los demás, entonces también necesitas replantearte tus motivos, ya que eres especial para Dios sin eso, y tus amigos no son buenos si necesitas hacer eso para que te acepten.

martes, 3 de enero de 2012

¿Se pierde o no se pierde la salvación?



Esta pregunta ha divido denominaciones, iglesias y hasta familias, así que aunque nos sintamos seguros de nuestra respuesta debemos ser respetuosos con la respuesta de otros.

Los teólogos de diferentes grupos de iglesias encuentran en la Biblia argumentos tanto a favor como en contra de que se pueda llegar a perder (o no) la salvación, por lo que yo trataré de darte las razones que argumentan una y otra postura, recomendándote que busques en oración que el Espíritu Santo te dé sabiduría para tener tu propia opinión al respecto.

Los que sostienen que la salvación no se puede perder dicen que si al aceptar a Jesús somos hechos hijos de Dios (1 Juan 1.12: “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios”), entonces un hijo nunca puede dejar de ser hijo, no importa lo que haga. Por otra parte, consideran que “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5,17 RVR1960), por lo que, al ser hecho una nueva creación, el creyente no podría volver nunca al estado anterior a su conversión.

Las personas que apoyan esta postura aseguran que alguien que en algún momento de su vida había aceptado a Jesús y luego renegó de la fe, sólo demostraría con esto que su conversión no había sido sincera, y por lo tanto no era un verdadero creyente.

Los que argumentan que existe la posibilidad de que un verdadero cristiano convertido llegue a perder la salvación, también tienen sus fundamentaciones basadas en la Biblia. Un texto clave para ellos es Hebreos 6.4-6, que dice: “Es imposible que renueven su arrepentimiento aquellos que han sido una vez iluminados, que han saboreado el don celestial, que han tenido parte en el Espíritu Santo y que han experimentado la buena palabra de Dios y los poderes del mundo venidero, y después de todo esto se han apartado. Es imposible, porque así vuelven a crucificar, para su propio mal, al Hijo de Dios, y lo exponen a la vergüenza pública.” Es evidente que aquí la Palabra se refiere a auténticos convertidos, e igualmente dice que si luego de haber vivido como verdaderos creyentes, se llegaran a apartar, perderían la posibilidad de volver a arrepentirse.

Para entender lo que significa que “se han apartado” como para perder la salvación , ellos señalan que la misma epístola explica: “Si después de recibir el conocimiento de la verdad pecamos obstinadamente, ya no hay sacrificio por los pecados. Sólo queda una terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.” (Hebreos 10.26-27). O sea que, de acuerdo con esta postura, se pondrían en riesgo nuestra salvación cuando “pecamos obstinadamente”. No se trata de algún pecado ocasional, del cual nos arrepentimos y somos perdonados, sino de permanecer deliberadamente viviendo en pecado grave en algún área de nuestra vida.

Además, del siguiente versículo: “Si habiendo escapado de la contaminación del mundo por haber conocido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, vuelven a enredarse en ella y son vencidos, terminan en peores condiciones que al principio . “ (2 Pedro 2.20), podríamos deducir que si fuimos salvos y luego volvemos a las costumbres del mundo, entonces quedaríamos en una situación incluso peor que antes de la conversión.

Bueno, ahí te fue un panorama de las distintas posturas respecto de este tema. ¿Qué creo yo? Yo creo que “una vez hijo, siempre hijo”, porque es por GRACIA y no es por OBRAS (aunque sean las que no debo hacer). Y pienso que este tema les interesa mayormente a los que andan jugando con el pecado, o a los que quieren asustar a algunos para que dejen de pecar.

El problema de esto último es que quien deja de pecar por temor también está rechazando el amor de Dios, porque no es el temor lo que nos puede salvar, sino el corresponder su amor arrepintiéndonos y abandonando cualquier cosa que le ofenda a nuestro Dios y recibiendo su gracia expresa en la cruz del calvario. Quien verdaderamente experimente una conversión va a estar siempre conectado con esa realidad espiritual en su vida, y no va a estar dudando de si la gracia de Dios le va alcanzar o no. Por otro lado, si alguien permanece pecando deliberadamente, aprovechándose de la GRACIA, es porque todavía nunca la entendió, y sólo es un convencido religioso que no se ha arrepentido genuinamente de sus pecados para abrazar la cruz salvadora de Cristo.



martes, 27 de diciembre de 2011

Si Dios nos ama, ¿Por qué tenemos que sufrir?



Lo primero que debemos entender es que Dios nos ama tanto que nos hizo libres. Él es omnipresente, así que podría habernos creado como robots que siempre le obedezcan.

Pero Él quiere que le obedezcamos voluntariamente por amor. Pensemos ¿Qué gracia tiene el amor si es obligatorio? Imagina que alguien creara un robot para que lo ame… esto ni se compara con que otra persona libremente decida amarte, ¿verdad? Bueno, por eso Dios nos dio “libre albedrío”, lo que quiere decir que tenemos la posibilidad de elegir entre creerle y obedecerle, o ignorar sus instrucciones y hacer lo que mejor nos parezca a pesar de que las consecuencias nos hagan sufrir.

Cuando, usando este libre albedrío, tomamos decisiones desafiando las instrucciones de Dios para nuestras vidas, entonces quedamos expuestos a situaciones que nos harán sufrir a nosotros y también a otras personas.

Paralelamente, estamos también expuestos a sufrir a causa de los pecados de otros, los cuales nos pueden afectar de diversas formas. En resumen podríamos decir que la mayor causa de sufrimiento en el mundo es la necedad del hombre al desafiar las leyes de Dios. Las leyes de Dios no se deben romper, así que cuando vamos en contra de ellas, los que nos rompemos somos nosotros.

Pero, ¿y qué del sufrimiento que no es consecuencia de un pecado personal? En la Biblia encontramos explicaciones sobre algunos de los motivos que Dios puede tener para permitir que pasemos por un tiempo de sufrimiento. Y siempre, aunque en el momento no lo comprendamos, podemos confiar en que su propósito es de bendición.

Por ejemplo, puede que el Señor esté permitiendo que pasemos por una situación de sufrimiento para impulsarnos a volver a sus caminos. En salmos 119.67 dice: “Antes de sufrir anduve descarriado, pero ahora obedezco tu palabra”. Aquí el salmista reconoce que andaba descarriado, y el sufrimiento que experimentó lo hizo volver al Señor.

Relacionado con esto, está también aquellos casos en que sufrimos porque el Señor nos está disciplinando, es decir, nos está corrigiendo. Mira estos versículos:

“¡Cuán dichoso es el hombre a quien Dios corrige! No menosprecies la disciplina del Todopoderoso. Porque él hiere, pero venda la herida; golpea, pero trae alivio.” (Job 5.17-18)

Por otra parte en 2 Corintios 1.4 descubrimos que a veces Dios permite una situación dolorosa pero a la vez “nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren”. O sea que lo permite para que podamos comprobar cómo Él nos consuela, y a partir de esa experiencia podamos ser útiles para consolar a otros.

Ahora quiero mostrarte otro posible motivo para que alguien sufra, que el mismo Señor nos revele. Se encuentra en Juan 9.1-3 : “A su paso, Jesús vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Y sus discípulos le preguntaron: - Rabí, para que este hombre haya nacido ciego, ¿Quién pecó, él o sus padres? – Ni él pecó, ni sus padres- Respondió Jesús-, sino que esto sucedió para que la obra de Dios se hiciera evidente en su vida.”

Jesús luego lo sanó, y el ciego pudo ver. Como te podrás imaginar, este hombre había sufrido mucho por ser ciego. Pero Dios usó esa situación para mostrar a muchos su amor. Es decir que una situación de sufrimiento puede ser utilizada por Dios para que, al intervenir en ella, se pongan de manifiesto su gloria y su poder.

Por último quiero decirte algo que es quizá lo más importante para comprender los propósitos de Dios en permitir que suframos: Dios quiere que sus hijos lleguen a ser maduros y con un carácter que muestre el fruto del Espíritu Santo. Las pruebas y dificultades que enfrentamos, cuando lo hacemos de la mano de Jesús, perfeccionan nuestro carácter y nos ayudan a madurar. Muchas veces es en los momentos de sufrimiento cuando más buscamos a Dios, y si lo hacemos no sólo salimos fortalecidos de la prueba sino que también llegamos a conocer a Dios de maneras nuevas.

Y esto es lo que el Señor busca, que cada día lo conozcamos mejor, para que cada día lo amemos más y confiemos más en Él.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

¿Qué actitud debemos tener frente a la homosexualidad?



La misma actitud que Dios. Según la Biblia la homosexualidad es pecado, pero ¿Cuál es la actitud de Dios frente al pecado? Cuando leemos la Biblia en toda su extensión sin sacar versículos fuera de contexto concluimos que Dios detesta el pecado, pero ama a los pecadores. Por lo tanto, sabemos que Dios ama a los homosexuales (tanto como te ama a ti y a mí).

Aunque cuidado: No estoy diciendo que apruebe lo que hacen. La biblia lo dice muchas veces, por ejemplo en levítico 18.22 “No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación”. Pero los ama, y es por esto que quiere rescatarlos de su pecado, porque Él desea lo mejor para sus vidas. ¿Y qué es lo mejor para sus vidas?”

Bueno, lo mismo que para cualquiera de nosotros, lo mejor para sus vidas es vivir de acuerdo al plan que diseñó Dios, un plan que incluye la sexualidad que nos dio a cada uno.

Cierta vez un amigo me contó la siguiente historia:

cuando yo estaba en la escuela secundaria teníamos un compañero homosexual. Le hacíamos la vida imposible, y nos burlábamos de él todo el tiempo. Él intentaba evitar estar con nosotros, pero lo que más odiaba eran los días que íbamos al campo de deportes. Más de una vez lo acorralamos en la esquina del vestuario y lo golpeamos con las toallas mojadas. Yo no estaba presente aquél día en que mis compañeros (pasándose un poco de lo que siempre hacíamos) lo arrinconaron en una esquina de las duchas y le orinaron encima. Pero sí estuve el día siguiente, cuando una de las autoridades de la escuela nos reunió a todos en el salón de actos y nos comunicó que a las 2:30 de la mañana nuestro compañero se había suicidado ahorcándose… ¿Sabes qué? Esto fue mi culpa… “Cuando le pregunté por qué había sido su culpa si él no había estado el día anterior, me dijo: “Es que yo soy cristiano. Yo lo debería haber protegido de las burlas. Si, le debería haber enseñado el camino correcto, pero por sobre todas las cosas le debería haber mostrado el amor de Dios. Eso es lo que Jesús hubiera hecho...”

Y mi amigo tenía razón, Jesús lo hubiera amado sin condiciones, al mismo tiempo que lo corregía con amor. Y creo que nosotros debemos hacer lo mismo, ¿verdad?